
"Cuando fundamos el PAN, dijimos que
no era tarea de un día sino brega de eternidad..."
Una pesada tolvanera de apetitos desencadenados,
de propaganda siniestra, de ideologías contradictorias,
de mentiras sistemáticas, impide la visión limpia de la vida nacional
Manuel Gómez Morín
Juan L. Simental
Agencia AP
Alianzas con unos y con otros. Firmas públicas de pactos coyunturales y “en bien de la nación”, y la rúbrica secreta en bien de… ¿de quién? Los dichos contradictorios del que imagina que dirige el destino de un partido, cuando no sabe ni siquiera marcar una dirección para la convicción propia; los ataques filiales de los que deploran públicamente los yerros de los que mandan; la defensoría de oficio de los dislates del Presidente tan legítimo como incapaz; la ceguera facciosa de los próceres que repelen a la realidad… y ese parecerse cada día más al PRI, al modelo abominable de lo que se combatió cuando en 1939 alguien imaginó que la historia podía ser distinta.
¿Qué le sucede a Acción Nacional que cada día que pasa se desdibuja más y se parece menos a sí mismo? ¿Dónde quedó su historia que en el principio postulaba la razón de su modelo de acción política?:
“… una acción permanente que, basada en una actitud espiritual dinámica, hiciera valer en la vida pública la convivencia del hombre integral; una postulación de la Moral y del Derecho, como fuente y cauce de la acción política, y ésta, no mero cambio de personas, sino reforma de estructuras políticas y sociales, para gestionar el bien común”.
¿Adónde fue a parar todo eso?
Luego de las primeras escaramuzas aliancistas y la publicidad –la venta a destajo de su verdad-, Durango fue el primer paso en serio en pos de lo imposible: mezclar las disímiles sustancias del agua y el aceite, y apostar a ganar aunque perdiendo la parecencia consigo mismo y evitando el debate de los principios (“éstos son mis principios y, si no le gustan… tengo otros”, Woody Allen). La despenalización del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la muerte asistida, la campaña para revocar el mandato del Presidente ilegítimo, la crítica constante y sistemática contra las acciones del Gobierno Federal, todo eso y lo que haga falta escondido en el cajón de los olvidos porque “en Durango sí hay proyecto”, la justificación de Manuel Espino y de Juan Carlos Gutiérrez y de todos los que un día defendieron el valor primordial de la persona y la integralidad del ser humano.
Los valores fundamentales a cambio del efectivismo de los resultados a corto plazo y el pobre intento de salvar el barco que se hunde en la inoperancia de un cambio que nació en el desahucio. El intercambio con moneda de poca monta del pasado de las generaciones generosas por el miedo a un 2012 que ya se adivina el caos del sueño que se quedó en la ilusión de los espejitos y del triunfalismo de hacerse con el Poder por el Poder, a causa de la enseñanza que no se quiso aprender y la supervivencia de la inercia del peor de los pasados: la prolongación del Sistema con nuevos colores y nuevas siglas.
Una vez que se conoció la verdad, que Beatriz Paredes y Enrique Peña Nieto –leales sólo a sí mismos- tenían la razón y que si alguien mentía ese alguien se llama César Nava, entonces ya todo, incluso lo poco posible, entró a ser parte de lo probable: el Presidente nacional del PAN no tiene palabra, y si antes se criticó la belicosidad de Manuel Espino y la estupidez de Germán Martínez, en este caso habría que hablar de la escasa estatura moral del que ya se quedó en lo incipiente.
¿Qué PAN es éste que en lo público traiciona sus principios e intenta la banal justificación de los resultados a corto plazo, y en lo privado traiciona el nuevo pacto? ¿Qué PAN es éste que en lo público se hace de nuevas y riesgosas amistades y se apresta a dormir con el enemigo en la misma cama, y en lo privado pacta en contra de su nueva conquista? ¿Qué PAN es éste que estampa su firma en bien de aquel que los echará del Poder a causa de sus promesas incumplidas?
El jueves 4 de marzo, en pleno festejo de los 81 años del viejo PRI, César Nava aceptó: sí hubo tal pacto y la firma allí está; antes juró y volvió a jurar: son calumnias, no es verdad, nada de eso es cierto. Pero sí era. Luego intentó la coartada: es que el Revolucionario no cumplió su parte del compromiso. En eso tal vez tiene razón, el PRI sólo cumple cuando el respeto a su propia palabra reporta ganancia tangible. Pero con su negativa inicial, Nava hace extrañar la bravuconería de Espino y hasta la cándida estulticia de Martínez Cázares, porque no es lo mismo ser sin doblez y pedir perdón después o equivocarse con el corazón sincero porque la inteligencia no da para más, que la lengua de doble filo y la palabra que se dice sin valor alguno, y que ya se sabe que así es como se dice.
Al final es cierto: César Nava no es el PAN. Sin embargo, César Nava habla en nombre del PAN y de los panistas, incluidos aquellos que no están de acuerdo con él.
¿Dónde quedó, pues, la brega de eternidad de Manuel Gómez Morín y de aquéllos, los primeros que se atrevieron a desafiar al naciente Sistema, edificado a través de un partido que no es partido, sino la maquinaria para establecer el orden de la realidad, porque en su afán la sana competencia no es parte del sustento, sino sólo uno de los males menores y cercanos a lo necesario? ¿Adónde fue la esencia del concepto?
“Acción Nacional: Una organización permanente de todos aquellos que, sin prejuicio, resentimientos ni apetitos personales, quieren hacer valer en la vida pública su convicción en una causa clara, definida, coincidente con la naturaleza real de la Nación y conforme con la dignidad de la persona humana”.
Acción Nacional tendrá que responderse a sí mismo y a los que hoy se saben excluidos por la urgencia de la consecución de los proyectos cortoplacistas.
Tal vez más pronto que tarde, Acción Nacional tendrá que mirarse de frente al espejo y responder. Ese día, ¿a quién le podrá mentir?
no era tarea de un día sino brega de eternidad..."
Una pesada tolvanera de apetitos desencadenados,
de propaganda siniestra, de ideologías contradictorias,
de mentiras sistemáticas, impide la visión limpia de la vida nacional
Manuel Gómez Morín
Juan L. Simental
Agencia AP
Alianzas con unos y con otros. Firmas públicas de pactos coyunturales y “en bien de la nación”, y la rúbrica secreta en bien de… ¿de quién? Los dichos contradictorios del que imagina que dirige el destino de un partido, cuando no sabe ni siquiera marcar una dirección para la convicción propia; los ataques filiales de los que deploran públicamente los yerros de los que mandan; la defensoría de oficio de los dislates del Presidente tan legítimo como incapaz; la ceguera facciosa de los próceres que repelen a la realidad… y ese parecerse cada día más al PRI, al modelo abominable de lo que se combatió cuando en 1939 alguien imaginó que la historia podía ser distinta.
¿Qué le sucede a Acción Nacional que cada día que pasa se desdibuja más y se parece menos a sí mismo? ¿Dónde quedó su historia que en el principio postulaba la razón de su modelo de acción política?:
“… una acción permanente que, basada en una actitud espiritual dinámica, hiciera valer en la vida pública la convivencia del hombre integral; una postulación de la Moral y del Derecho, como fuente y cauce de la acción política, y ésta, no mero cambio de personas, sino reforma de estructuras políticas y sociales, para gestionar el bien común”.
¿Adónde fue a parar todo eso?
Luego de las primeras escaramuzas aliancistas y la publicidad –la venta a destajo de su verdad-, Durango fue el primer paso en serio en pos de lo imposible: mezclar las disímiles sustancias del agua y el aceite, y apostar a ganar aunque perdiendo la parecencia consigo mismo y evitando el debate de los principios (“éstos son mis principios y, si no le gustan… tengo otros”, Woody Allen). La despenalización del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la muerte asistida, la campaña para revocar el mandato del Presidente ilegítimo, la crítica constante y sistemática contra las acciones del Gobierno Federal, todo eso y lo que haga falta escondido en el cajón de los olvidos porque “en Durango sí hay proyecto”, la justificación de Manuel Espino y de Juan Carlos Gutiérrez y de todos los que un día defendieron el valor primordial de la persona y la integralidad del ser humano.
Los valores fundamentales a cambio del efectivismo de los resultados a corto plazo y el pobre intento de salvar el barco que se hunde en la inoperancia de un cambio que nació en el desahucio. El intercambio con moneda de poca monta del pasado de las generaciones generosas por el miedo a un 2012 que ya se adivina el caos del sueño que se quedó en la ilusión de los espejitos y del triunfalismo de hacerse con el Poder por el Poder, a causa de la enseñanza que no se quiso aprender y la supervivencia de la inercia del peor de los pasados: la prolongación del Sistema con nuevos colores y nuevas siglas.
Una vez que se conoció la verdad, que Beatriz Paredes y Enrique Peña Nieto –leales sólo a sí mismos- tenían la razón y que si alguien mentía ese alguien se llama César Nava, entonces ya todo, incluso lo poco posible, entró a ser parte de lo probable: el Presidente nacional del PAN no tiene palabra, y si antes se criticó la belicosidad de Manuel Espino y la estupidez de Germán Martínez, en este caso habría que hablar de la escasa estatura moral del que ya se quedó en lo incipiente.
¿Qué PAN es éste que en lo público traiciona sus principios e intenta la banal justificación de los resultados a corto plazo, y en lo privado traiciona el nuevo pacto? ¿Qué PAN es éste que en lo público se hace de nuevas y riesgosas amistades y se apresta a dormir con el enemigo en la misma cama, y en lo privado pacta en contra de su nueva conquista? ¿Qué PAN es éste que estampa su firma en bien de aquel que los echará del Poder a causa de sus promesas incumplidas?
El jueves 4 de marzo, en pleno festejo de los 81 años del viejo PRI, César Nava aceptó: sí hubo tal pacto y la firma allí está; antes juró y volvió a jurar: son calumnias, no es verdad, nada de eso es cierto. Pero sí era. Luego intentó la coartada: es que el Revolucionario no cumplió su parte del compromiso. En eso tal vez tiene razón, el PRI sólo cumple cuando el respeto a su propia palabra reporta ganancia tangible. Pero con su negativa inicial, Nava hace extrañar la bravuconería de Espino y hasta la cándida estulticia de Martínez Cázares, porque no es lo mismo ser sin doblez y pedir perdón después o equivocarse con el corazón sincero porque la inteligencia no da para más, que la lengua de doble filo y la palabra que se dice sin valor alguno, y que ya se sabe que así es como se dice.
Al final es cierto: César Nava no es el PAN. Sin embargo, César Nava habla en nombre del PAN y de los panistas, incluidos aquellos que no están de acuerdo con él.
¿Dónde quedó, pues, la brega de eternidad de Manuel Gómez Morín y de aquéllos, los primeros que se atrevieron a desafiar al naciente Sistema, edificado a través de un partido que no es partido, sino la maquinaria para establecer el orden de la realidad, porque en su afán la sana competencia no es parte del sustento, sino sólo uno de los males menores y cercanos a lo necesario? ¿Adónde fue la esencia del concepto?
“Acción Nacional: Una organización permanente de todos aquellos que, sin prejuicio, resentimientos ni apetitos personales, quieren hacer valer en la vida pública su convicción en una causa clara, definida, coincidente con la naturaleza real de la Nación y conforme con la dignidad de la persona humana”.
Acción Nacional tendrá que responderse a sí mismo y a los que hoy se saben excluidos por la urgencia de la consecución de los proyectos cortoplacistas.
Tal vez más pronto que tarde, Acción Nacional tendrá que mirarse de frente al espejo y responder. Ese día, ¿a quién le podrá mentir?